ATRAPADOS EN LAS REDES 

Yo he sido un gran tímido y quizá, de ahí, viene mi gran admiración por la oratoria. La voz del orador captando la atención de un grupo, a veces numeroso, del que trata de ganar su interés y aprobación, me fascina. 

Ya en los años de posguerra, me enfrascaba en los tenderetes de los “Charlatanes”, que conseguían, con su labia, abrir aquellas herméticas carteras de los que “bajaban” a las fiestas, aseguradas con dos vueltas de gomas flexibles y que solo se abrían para pagar al médico y para sacar las entradas de los toros.    

Por eso, la secuencia del discurso de Antonio, ante el cadaver de Cesar, interpretada por el incomparable Marlon Brando, en la obra de Shakespeare, es mi  favorita de todo el cine que he visto. Observar como la modulación de la voz y del gesto, resaltan el impacto de los argumentos, ordenados magistralmente para ir cambiando la dirección de la opinión de la masa volviendola del revés, es deslumbrante.

Por eso no me cansa pasar horas ante el televisor, durante los plenos parlamentarios pues, aunque pienso, como muchos, que atravesamos una época de malísimos políticos, creo, que hay buenos oradores. No se puede hacer mas con menos. Y es que amigos, hay que reconocerlo, el asunto no está, ya, en los hechos, está en la palabra, hablada o escrita, real o virtual.

Pero, lo que mas me sorprende de lo que veo allí es como, muchísimos parlamentarios se evaden del acto y se enfrascan en su móvil ignorando, completamente, al orador y olvidando el sitio donde están. Y entre todos ellos, la televisión resalta, una y otra vez, nada menos que a todo un vicepresidente, visible en la primera fila, en la bancada del Gobierno que, por atender a su maquinilla, está totálmente ausente del acto que se celebra y no escucha ni al portavoz del partido de la oposición. 

Tal vez si le vieramos leyendo un periodico de papel, sería un gran escándalo, pero el abstraerse en el móvil es solo motivo de curiosidad sin que merezca mucho comentario aunque, quizá, es eso lo que está haciendo, leyendo un periodico. O manteniendo un dialogo. O enviando algún mensaje a una red. O dando órdenes a algún subordinado. Y es que, para él y para tantos, la realidad no está, ya, en el Parlamento, está en  lo que su móvil pone a su alcance. O por lo menos, en ambos sitios a la vez y con la misma intensidad. Hasta tal punto ha ganado fuerza lo virtual.

Antiguamente, cuando el móvil no existía, manteníamos esporádicas conversaciones con el teléfono fijo. Ahora, con él, nuestra actividad se desarrolla, cada vez mas, fuera del espacio donde estamos situados físicamente. La trascendencia de nuestros actos, nuestra vida, está empezando a ser mas importante fuera de él, en un espacio irreal, en las redes.

Los niños que ya no tienen necesidad ni apetencia de reunirse con sus amigos pues juegan con ellos por la red, los mayores que realizan labores tan metidas por las redes que ya no necesitan ir a la oficina, la gente que pasea hablando por teléfono ausente, completamente, del paisaje por donde lo hace, los mozos y mozas que ya no necesitan “salir a ligar” porque lo hacen desde el móvil, los amigos que están reunidos con amigos y que dialogan con otros amigos que no están en la reunión, los políticos que hablan con el pueblo a través del móvil, los que “publican” y leen opiniones en el periodico virtual, de todos, al alcance de todos, los que ojean y compran, de todo, sin moverse de su asiento, los que visitan museos y hacen turismo. Y un largo etc.

Y en eso estamos amigos, nuestra realidad está, cada vez menos, en el sitio que pisamos. Los que no siguen el paso acusan a los otros de que se evaden, de que tienen dependencia y hay verdad en eso; pero amigos, me temo que hay que hacerse a la idea de que la realidad se nos escapa de aquellos sentidos de nuestra parte animal.

Jesús Carasa (19- 7-20). Pintor.   

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