A MI AMIGO NIETO

A MI AMIGO NIETO

A MI AMIGO NIETO

Querido amigo nieto:

  Se que estás en un momento difícil. En esa edad, incierta, en que uno no sabe si comportarse como un niño o como un hombre. Pero créeme, la edad en que los juegos y la “diversión” son máxima prioridad ha pasado, debe acabar con la infancia.

La adolescencia es una enfermedad que, a veces, se cura con el tiempo. Pero tú vas a ser uno de los que la superen.  

Ya se que los padres no ayudan, y se convierten en antipáticos y “pesados”, pero es que, ellos, pasaron por la misma situación y saben que, en ese atolondramiento de la adolescencia, se puede jugar el futuro, tener una vida feliz o desgraciada. Pero, créeme, para que estén satisfechos, basta que te vean que estás en el asunto.

Mi generación es la culpable de esta situación de desorientación. Pretendió evitar que sus hijos sufrieran la vida dura y de miseria que ellos y todavía mas sus padres, habían soportado. ¡Que tengan lo que nosotros no tuvimos y no pasen lo que nosotros pasamos!. Decíamos.

  Piensa que tu bisabuelo, a tus años, iba, con su padre, todos los días, al monte, a hacer carbón y tenía que mojar el pan en una fuente para poder comerlo. Y en la época de tu abuelo, la mía, el que no podía estudiar por las condiciones económicas de sus padres o porque no estaba dispuesto a dar ese esfuerzo, (no vale para estudiar), estaba, hasta que empezaba a trabajar a los catorce, en la escuela pública, aprendiendo en un único libro (La Enciclopedia), una miniculturilla general. La adolescencia era para formarse o para trabajar en trabajos de aprendiz

Y los que, como yo, tenían la suerte de estudiar El Bachiller tenían clases de ocho y media a siete y media, seis días a la semana, con siete cursos de latín, tres de griego, tres de inglés y tres de francés. Con misa y rosario diario. Y los domingos había que ir a misa al colegio.

Te ha tocado vivir una época en que los padres, la sociedad entera, están pendientes de vuestra felicidad, que piensan que es prolongar la niñez y evitaros adquirir responsabilidades. Pero es un grave error, la adolescencia ha de ser para prepararse para adulto

Es una equivocación reciente de la sociedad. Los padres por evitar, a sus hijos, penalidades y darles todo lo que desean, a cambio de nada, están produciendo en la adolescencia una gran desorientación y en la juventud una gran frustración y grandes fracasos. Nunca ha habido, como ahora, tantos jóvenes, mano sobre mano (los “ninis”) sin hacerse cargo de sus vidas.

En épocas históricas se consideraba que las personas estaban capacitadas para desarrollar tareas importantes desde muy jóvenes. Fijate: Cuando se casaron Los Reyes Católicos, buscando la unidad de España, Isabel tenia dieciocho años y Fernando diecisiete….. y dos hijos naturales. Y mandaban sobre los suyos. Don Juan de Austria tenia veinticinco años cuando fue nombrado Almirante de la flota que venció, en Lepanto, a los turcos. Nadie lo discutia. 

Los padres, inquietos por la incertidumbre, desearían veros elegir un camino desde muy pronto; pero eso es muy raro y ni siquiera es deseable. La vocación, que es una llamada imperiosa, casi nunca produce la felicidad, aunque se consiga, con el tiempo, el objetivo deseado.

Es mejor esforzarse en tener una buena preparación que te permita “agarrar” la oportunidad de trabajar en lo que te guste, cuando se presente. Eso es lo que te hará  ser feliz. Y la preparación consiste en dar lo mejor de ti en cuantos proyectos participes. Es fundamental que conozcas tus fuerzas y hasta donde puedes llegar.

Y todo lo que elijas que sea con tu criterio no con el de los amiguetes. Ya se que es un poco duro hacerse cargo de tu propia vida, pero, te aseguro, que merece la pena.  Es mucho peor si no lo haces.

Animo, amigo nieto y que seas muy feliz.

Jesús Carasa (14-2-21) 

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