CHINA

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¿Es China un pais comunista?. Es curioso que esta pregunta, sobre la segunda potencia económica del mundo, que va camino de ser la primera, sea pertinente, pero el hecho es que desde el final de aquel brutal régimen comunista de Mao Zedong no ha habido ninguna ruptura política, ni declaración de sus mandatarios, en el sentido de que se hubiera producido un cambio a un régimen o sistema liberal. Ha sido una evolución completamente espontánea y pacifica que se ha ido produciendo a medida que los gobernantes permitían a los ciudadanos conquistar su libertad. Dejaron que el caparazón del régimen, se vaciara de ideas comunistas y se llenara de ideas liberales sin siquiera una declaración de intenciones.

Acordaos de la sencillez con que se inició el cambio. En 1985 Felipe Gonzalez viajó a China cuando esta, en manos del reformador Deng Xiao Ping, estaba saliendo, a pasos de gigante, del estado de inenarrable miseria en que Mao la había dejado. Ante la extrañeza de Gonzalez al ver los métodos liberales que Deng aplicaba, este le replicó: “Gato blanco, gato negro, poco importa, si caza ratones”. Gonzalez volvió  repitiendo, asombrado, la sencillisima sentencia que se ha convertido en el mandamiento único de la doctrina de la nueva China. 

Este cambio, evolución o revolución pacífica, junto al fracaso de la URSS y de los demás países que lo han intentado, ha demostrado, una vez mas, que el sistema comunista es un sistema equivocado, que no logra la evolución positiva y el bienestar de la sociedad humana, porque va en contra de la naturaleza del hombre, que rechaza la uniformidad ovejuna y busca libertad suficiente para intentar realizar sus sueños. Digámoslo descarnadamente, el comunismo pretende ahormar su naturaleza hasta convertirlo en un ente enteramente solidario cuando, desgraciadamente, una mitad, de él, es egoísta. Es lo que hay.

Pocas veces, en la historia, se producen cambios tan contundentes y palpables como este de ver pasar, de forma tan fulminante, a una comunidad humana, de la miseria y la dejadez de su propio bienestar a un diluvio de riqueza.

Sin embargo, una y otra vez personajes, cuyas motivaciones son difíciles de analizar, salvo las que parecen ser el denominador común de todos ellos, de adueñarse y gozar, sin limites, del poder, vuelven a intentar la felonía, sin importarles el grado de miseria y sectarismo al que deben conducir al pueblo para conseguirlo mas fácilmente. 

Pero volviendo a China. La arrogancia de lo que llamamos Occidente, que ha señoreado el mundo, en los últimos siglos, lleva a menospreciar a los países que no se rigen por sistemas democráticos similares al suyo o que llevan menos tiempo practicándolos. Su soberbia nos quiere hacer creer que si no lo hacen es porque no llegan a conseguirlo, aunque lo deseen. 

Pero los últimos tiempos están contemplando el desprestigio de los sistemas democráticos. Vemos, en casi todas partes, como los partidos políticos luchan por adueñarse del poder que ha dejado, una vez mas, de ser propiedad del pueblo, al que utilizan y envilecen, haciendo estériles sus esfuerzos por modernizarse, prosperar y mejorar su bienestar. Son parásitos del sistema democrático que, lejos de considerar su trabajo como un servicio, se reparten privilegios, lujos, aforamientos, cargos y seguros económicos y cuyo comportamiento está haciendo pensar a muchos ciudadanos, en distintas naciones, como a las prostitutas que, convencidas de la inevitabilidad de tener chulos, son ellas las que eligen a uno.

A añadir el garrulo, chafardero y mendaz comportamiento de la mayoría de mandatarios, incluso de primerísimo nivel, que abochorna a los ciudadanos. Precisamente ahora, tenemos un ejemplo que ni mandado hacer de encargo. La primera potencia regida por Trump, un charlatán que no sabemos si puede respirar sin hablar y la segunda por el discretísimo Xi Jinping del que no tenemos la certeza de si sabe hablar o sonreír.

No es extraño que, ante tantos ejemplos de comportamiento inadecuado,  muchos ciudadanos de algunos países se sientan tentados a propiciar formas políticas de partido único que no entorpezcan, con ello, la libertad del pueblo para edificar su propio bienestar. Amigos, vuelta a la Dictadura o Dictablanda. 

Ojo, amigos, ya se lo que estais pensando, que el régimen chino se parece, como una gota de agua a otra, a la Dictadura de Franco, que compaginaba la absoluta libertad en lo económico con el mando férreo en lo político. Vosotros vereis.

Jesús Carasa (8-10-20) Pintor.

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