EL FARO DE OKUDA

EL FARO DE OKUDA

        EL FARO DE OKUDA

Aunque soy pintor he sido, también, un “mirón” impenitente, por lo que, quizá,  puedo tener vuestro permiso para criticar la obra de colegas vivos o muertos. Y lo he hecho muchas veces. Pero en el caso de Okuda estoy doblemente justificado pues es de esos osados “artistas” que se permiten invadir y modificar, con sus obras, el terreno urbano o de la naturaleza. Y eso son otros lópeces, porque ese espacio pertenece a todos. Intervienen en nuestra casa.

Ya sabeis que hay escuelas artísticas, el Land Art y compañía, que agrupan a “artistas” que, insatisfechos con la obra de la naturaleza o con la de arquitectos y artistas urbanos, se permiten ejecutar acciones para modificarlas, “embellecerlas” y hasta ocultarlas. Acordaos de Christo, el “artista” que tuvo la humorada de envolver, empaquetar vamos, entre otros muchos monumentos, nada menos que Le Ponte Neuve de Paris y el edificio del Reichstag en Alemania.

Aquí, antes de Okuda y otros, hemos tenido al vasco Ibarrola, con una obra  notable de tema social y que luego se “despeñó” por estas tendencias del Land Art. Adquirió notoriedad con dos intervenciones, una en el bosque de Oma, haciendo cortes y pintando en los árboles y peñas. A los terroristas de ETA (Ibarrola es comunista y antinacionalista) no debía de gustarles el resultado y lo profanaron reiteradamente acusándolo de profanador. Otra es la pintura de colorines de los dados de hormigón que protegen el dique marítimo de Llanes, que es objeto de culto turístico.

Quizá habeis visto, a la entrada de la estación de Chamartín, de Madrid, un montón de aparente chatarra de carriles retorcidos y traviesas de madera y os habeis preguntado “que coño era eso”. Ese coño, amigos, es una escultura de Ibarrola.

Como curiosidad, que aclara un poco la idiosincrasia del personaje, os voy a contar una pequeña anécdota. Fuimos a ver (años ochenta) una exposición suya en Conde-Duque de Madrid. Era, toda ella de temas sociales. Nos gustó mucho y nos acercamos a felicitarle. Le debimos parecer demasiado burgueses pues nos contestó con gran displicencia. Mientras recorríamos la exposición, le oimos retazos de una entrevista que le estaban haciendo, para la prensa. Le preguntaban: “¿Entonces Vd. pretende enmendar la obra de Dios, corregirla?. Y él contestaba, con esa entonación vasca que vosotros imitáis tan bien: “ Si…., eso es…., por que no…., mejorarla…”. Modesto como él solo.

El amigo Okuda ha estado en la prensa, últimamente, por la polémica que ha provocado su pretensión de pintar el faro de Ajo de colorines. Molesto con los que lo rechazan, sentenció en el Diario Montañés: “Las críticas al proyecto del faro son una cuestión más de política y de ignorancia”. 

Otro modesto. Así se las gastan estos “artistas”.

Me sentí concernido en lo de “ignorancia” y me creí con derecho a expresar mi opinión, incluso de forma que pretendía ser sarcástica, en un tuit: “Amigo Okuda, es jodido, para un artista, tener que reconocer que el lienzo en blanco supera tu obra”.  

Es generalizada la opinión de que muchos artistas modernos se han precipitado por la pendiente de las ocurrencias, la banalización, la comercialización. la notoriedad y el escándalo. Yo también participo de ella. Y pienso que estos colegas del Land Art y de las intervenciones en la naturaleza y en el urbanismo van por esa pendiente. 

Y creo que por ahí patinan el Christo del Ponte Neuve, el Ibarrola de los dados del dique de Llanes y el Okuda del faro de Ajo.

Yo llego a comprender algunas intervenciones que pretenden y logran embellecer y recuperar entornos degradados y roidos por la miseria, pero no otras que  pretenden superar a la naturaleza, “enmendando la obra de Dios”, haciendo incisiones y pintarrajeando los árboles de un bosque o banalizando, con colorines y dibujitos, la elegante sobriedad de un faro o la fiereza gris de unos bloques de hormigón que se enfrentan al oleaje, cuando lo hay.

Quizá, este mal de la ignorancia que nos achaca, a muchos, el ilustre Okuda, sea curable o se descubra una vacuna que nos ponga en condiciones de admirar sus obras pero, entretanto, aquí estamos, pobres bartolillos, soltando nuestras irreverentes paridas.

Jesús Carasa (19-7-20) Pintor

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