EL FUTURO DE EUROPA

EL FUTURO DE EUROPA

                                                     EL FUTURO DE EUROPA

Se nos ha acostumbrado a asimilar la historia del ser humano, sobre La Tierra, como una sucesión de prototipos que desembocan en el nuestro, en el Homo Sapiens; pero el trabajo acelerado de excavación va descubriendo restos que indican que hubo, conviviendo, varios tipos de seres humanos, que, en algunas zonas, se mezclaron y/o se pelearon, como ahora convivimos varias razas.

Todavía se sabe poco pero, ya conocemos que, cada uno de ellos realizó, por su cuenta, grandes hazañas de poblamiento y colonización de distintas zonas de La Tierra pues, una de las características de todos ellos, parece haber sido y sigue siendo, la de la expansión. Su capacidad de inventiva y el grado de civilización, de todos ellos, parece haber sido muy importante, lo que les permitió sobrevivir, muchos siglos, a pesar de la hostilidad de su habitat.

Pero, poco a poco, el Homo Sapiens, el último en llegar, se fue imponiendo hasta hacer desaparecer al resto. No se sabe, todavía, como ocurrió este predominio, pero se intuye que, el Homo Sapiens, se impuso por dos características que le dotaban mejor para perdurar, la capacidad de fábula y sin duda, la agresividad. La primera le llevaba a inventar filosofías o religiones que cohesionaban grupos, cada vez mas numerosos y potentes, bajo la misma bandera, pero que fomentaban el sectarismo desatando, contra el resto, la otra característica del Homo Sapiens, su feroz agresividad que le llevó a acabar con ellos quedando, en él, solo unos pequeños vestigios del ADN, de los otros, como prueba de que, también, hubo mestizaje.

Su capacidad de inventiva, con ser enorme, no parece haber sido el elemento determinante pues, en los otros prototipos, también era importante.

Y así apoyado en esas dos armas de destrucción masiva, el sectarismo y la agresividad, el Homo Sapiens ha enseñoreado La Tierra y escrito su sangrienta Historia cuyo santoral esta plagado de canallas asesinos genocidas e inventores de embustes y patrañas.

Entre el mosaico de razas que conforman el prototipo Homo Sapiens destaca la de “el hombre blanco”, la mas agresiva de todas, que no ceja en su intento de acabar con todas las demás. Y en lo mas alto del podium, el “hombre europeo”, una verdadera fiera corrupia que ha vertido tanta sangre que, si no se solidificase, competiría, en volumen, con el agua.

Los españoles nos vemos representados en el cuadro de Goya en el que dos garrulos, con los pies enterrados, se rompen la crisma a garrotazos, y no nos faltan razones; pero, amigos compatriotas, ni en esto somos los primeros, pues hace tiempo que los rabiosos europeos nos superaron en ferocidad. Quizá fue a ellos a los que Goya quiso representar al vivir la invasión francesa. Aunque, tal vez, tenía, para los europeos, reservada una representación mas fiel en la del perrillo que gira, sin descanso, tratando de devorarse a si mismo.

Acabada la segunda (si, amigos, la segunda) guerra mundial, algunos átomos de cordura que quedaron en unos pocos cerebros, les impulsaron a establecer tratados que han ido desarrollándose y que, ahora suenan amistosos, pero que en principio eran, exclusivamente defensivos. Cuando miro su contenido me recuerdan nuestro gesto de darnos la mano, que hoy es un gesto cariñoso, pero que tiene su origen en la pretensión de neutralizar las dos manos derechas ante la duda de que alguna de ellas pudiera ir a la espada.

Esos tratados se han ido desarrollando, buscando aumentar la cohesión y cooperación entre las naciones miembros y el acercamiento amistoso de sus ciudadanos. Y como desideratum, la final integración en lo que podría ser Los Estados Unidos de Europa.

Las regulaciones de aspectos económicos y de circulación de ciudadanos van consiguiendo, a trancas y barrancas que, esa entidad presente, respecto al exterior, un remedo de nación, que nos permite seguir teniendo una posición importante en el mundo.

Otra cosa es la relación entre ciudadanos que, como consecuencia de los odios fratricidas, de todos contra todos, que ha sido la historia de Europa, permanece distante, reticente y esquiva, cuando no manifiestamente hostil. Estos rescoldos de la hoguera de pasados odios, tardarán muchas generaciones en apagarse por lo que el proyecto europeo está condenado a seguir así. 

Amigos, desgraciadamente, el objetivo europeo mas realista debe ser, por el momento, no el de avanzar, sino el de no retroceder.

Jesús Carasa. Pintor.

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