EL GRECO. EL MAS ESPAÑOL

EL GRECO. EL MAS ESPAÑOL

EL GRECO, EL MAS ESPAÑOL

Después de haber escrito sobre Velázquez y Van Gogh, a propósito de la vocación, me llama mi admirado Greco, preguntándome por lo suyo. Él, que a pesar de ser griego es, el mas español de todos los pintores y quizá el mas grande, fue, también, chuleado por esa dama fatal que atrae al abismo a los que se le entregan.

Nacido en Creta, se traslada a la Venecia liderada por Tiziano, donde se convierte en una figura de primera categoría que asimila, además, en su larga estancia, todo el saber de la Roma liderada por Miguel Angel.

Y de pronto, aquel astro emergente, situado en la ciudad mas rica y mas placentera del mundo, que adora a sus artistas, se traslada a otra, que le es totalmente desconocida, poblada de hombres enlutados y con la dura rigidez, en los rostros, propia del que es consciente de llevar, sobre sus hombros, el peso de un imperio. De una ciudad palafítica a una roca pelada en el secarral de Castilla. De un seguro triunfo económico, social y artístico a una vida acosada por la escasez, las deudas y los pleitos emprendidos por los que le regateaban su talento. Y mas todavía, a ser el pintor mas tórpemente interpretado por la crítica.

¿Que fuerza incontenible le arrastró a dar este paso?. Su trayectoria artística y el resultado de su trabajo, para el que se atreva a verlo, contestan a esa pregunta. Sin duda, como intelectual profundamente religioso, conoció la obra de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, contemporáneos y vecinos y se propuso llevar a sus cuadros, nada menos, ese mundo místico que le hace ignorar los límites de separación  entre el cielo y la Tierra, alargar las figuras de los personajes que, en su visión, aspiran a levitar o quizá lo hacen y a expresar, en los rostros, el arrobo místico del que contempla visiones que los demás no alcanzamos a ver.  El buscaba inspiración no para pintar la tierra sino el cielo, no para retratar los cuerpos sino las almas.

Hay, en su obra, un cuadro impresionante y muy revelador; es “La vista de Toledo” que, además de suponer “el invento”, que nace, ya, perfecto, del paisaje como motivo protagonista de un cuadro, nos revela como El Greco descubrió, en Toledo, el escenario ideal para su pintura. Es un paisaje fantasmal, como de aparición. Amigos, yo que he gozado el privilegio de vivir un año en Toledo y alojado en el campo, he tenido ocasión de contemplar ese espectáculo espectral que se produce cuando las tormentas atacan, allí, la noche,  por los cuatro puntos cardinales, al mismo tiempo.

La ciudad lo enganchó enseguida. Aunque al Rey, que tenía, en El Escorial, paredes suficientes como para que una legión de pintores dedicara su vida a embellecerlas, no le gustaron los dos cuadros que le había encargado y le borrara de sus proveedores, El Greco, lejos de arrepentirse de su traslado, se afincó, en ella, aunque tuvo que dedicarse a retratar a nobles toledanos, que sabían de su fama y que, poco a poco, le ayudaron a conseguir encargos de tema religioso, para retablos de iglesias y parroquias de pueblos y de barrios, cuyos párrocos le pagaban poco, cuando le pagaban y trataban de condicionarle el contenido de sus obras.

Cuadros y retablos situados, muchos de ellos, en recintos tan humildes que, hoy, avergüenzan. Algunos, cimeros del arte de todos los tiempos, como El Expolio y una de las milagrosas colecciones de los Apóstoles, localizados en la sacristía de la catedral o el Entierro del Conde de Orgaz en una parroquia de barrio, cuyo exiguo recinto hasta dificulta su contemplación.

El asombro que produce su pintura, tan extraña, en el fondo y en la forma, ha hecho desbarrar a sesudos críticos y decir, sobre ella, bobadas increíbles. Y es que, nada menos, que anticipa caminos que la pintura no ha emprendido, con decisión, hasta los siglos XIX y XX.

Me había propuesto ofreceros una pequeña lista con los títulos de mis obras favoritas; pero renunció, pues no veo la forma de reducirla a tamaño publicable, en un artículo, sin cometer la injusticia de dejar fuera.…..a tantas. Id al ordenador a verlas. Me lo agradeceréis.  

Jesus Carasa.  Escritor y Pintor  

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