EL MANDO Y LA EXPERIENCIA

EL MANDO Y LA EXPERIENCIA

En este complicado momento de la política española (y cual no lo es), en el que se produce un radical relevo de personajes, se oyen comentarios de alarma ante la poca experiencia de todos ellos. Hay quien hace el ejercicio de compararlos con otros anteriores omitiendo que algunos de ellos tampoco la tenían cuando alcanzaron el mando de la nación. Mandar en una nación siempre es un oficio nuevo, difícil de comparar con cualquier otro anterior. En cuanto a la edad a la que lo alcanzaron, desde Franco hasta ahora, incluido este, ha sido muy similar.  Yo, amigos, en este asunto, soy muy radical y creo que ni la falta de experiencia ni la edad son condiciones invalidantes para ejercitar bien el gobierno de una organización por compleja o importante que sea. Yo creo que lo verdaderamente determinante para el éxito son las dotes de mando. Y es que el mando es otra cosa, es un don, un carisma, con el que se nace, como el que acompaña a los creadores, a los artistas, a los visionarios, y que está relacionado con un raro mecanismo que lleva a dar un paso al frente para tomar decisiones cuando nadie se atreve a hacerlo.  En cuanto a la edad, todos nos parecen demasiado jóvenes, pero lo cierto es que cada vez, se toma el mando a edad mas tardía. La historia está plagada de líderes y reyes que lo ejercieron, de forma brillantísima, desde edad muy temprana. Se me ocurre, aquí, pensar, en personajes, de nuestra historia, que gobernaron de forma suprema cuando llegaron al poder casi adolescentes: Los Reyes Católicos, Carlos V, Felipe II, Don Juan de Austria y tantos otros, lo ejercieron, sin trabas y les quedó tiempo para ocuparse de su gran obligación de procrear descendientes que continuasen su linaje ¿Quien les enseñó, a ellos, a mandar?. En las organizaciones privadas es mas difícil acceder al mando siendo muy joven, pero también ocurre en aquellas que son dirigidas, desde el principio, por sus creadores. Vemos, ahora, esos chavales que crean maravillas, “en los garajes” y las llevan a término desarrollando y gobernando organizaciones muy complejas. El que manda no tiene por que ser el que mas sabe de aquello sobre lo que se ha de decidir, es el que elige, entre varias soluciones y arriesga ante la incertidumbre, apoyandose en las opiniones de los mejor informados. Es emocionante presenciar el cuadro de un grupo de “expertos” o personas bien informadas, exponiendo su opinión o conocimientos sobre una situación complicada sin que nadie se atreva a decir “hay que hacer esto” y ver como vuelven la cara hacia aquel del que esperan que elija la acción a emprender.  A ese lugar se llega ganando, poco a poco, la confianza de los otros en diversas situaciones de incertidumbre, cuando, el mas decidido a ocuparlo, da un paso al frente mientras los demás no lo dan. Las dotes de mando de un buen gobernante deben ser acompañadas, para el éxito, de una intuición certera en la elección de consejeros y en su cuidado, facilitándoles posibilidades de adquirir información e infundiéndoles confianza para que le digan, siempre, la verdad, por desagradable que sea, a cambio de eximirles de responsabilidad en los errores que, el que manda, debe asumir enteramente. Los expertos, los que saben, están dotados para estudiar y analizar pero, casi nunca, por no decir nunca, les acompaña el don de mando. Es frecuente que los “expertos” envidien o menosprecien a los que mandan, a los que consideran ignorantes y vacíos; pero no son nada sin ellos y los necesitan para hacer patentes sus conocimientos. Les acusan, subterráneamente, de robarles sus ideas, pero son incapaces de llevarlas a cabo por ellos mismos. Es una relación de amor-odio comparable al equilibrio de las fuerzas centrípetas y centrífugas que mantiene a los planetas girando alrededor del sol, sin salir de sus órbitas. El personaje que manda se completa y se perfecciona con el famoso dominio de los tiempos, instinto que lleva a tomar las decisiones en el momento correcto. Es una habilidad tan importante como la de decidir, Amigos, esto es lo que hay, así que tranquilos y a esperar el santo advenimiento de uno que sepa mandar pues, afortunadamente, “expertos” y conocedores de lo que hay que hacer abundan, en España. El problema, casi siempre, es que sobran. Ya lo decía el gran Presidente Reagan: Yo se que uno de estos expertos tiene razón, el problema es saber cual es.

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