EL SUICIDIO DEL SER HUMANO

EL SUICIDIO DEL SER HUMANO

EL SUICIDIO DEL SER HUMANO

Estamos en plena lucha contra la pandemia y vemos, asombrados, como el virus que nos azota, cambia (¿inteligentemente?) de forma y de virulencia cuando  detecta que el ser que ha elegido como habitat o como pasto, busca fórmulas, naturales o adquiridas, para defenderse o enfrentarse a él.

Vemos el comportamiento errático de las sociedades, de todas las naciones, aflojando o endureciendo medidas de protección ante el embate de las “olas” (oleadas) en las que el virus, que nos ha elegido a nosotros como seres vivos en los que parasitar, nos ataca.

Vemos a la irresponsable casta política “escurriendo el bulto” sin alumbrar un atisbo de cooperación entre naciones, dando palos de ciego sin delegar la dirección de  nuestra defensa en algún equipo de científicos de competencia reconocida o abriendo y cerrando barrios, ciudades y fronteras, con este o con aquel, como si se pudieran poner puertas al campo de los desplazamientos. 

Vemos, a parte de la masa de individuos atacados, propagando irresponsablemente el virus por falta de cuidados propios y hasta por voluntaria indefension basada en un cerril “negacionismo” o falta de disciplina.

Y, como consecuencia de la incapacidad de todos los estamentos de la sociedad, fiarlo todo a la única baza del heroico genio individual que alumbre, aun coartado por las dificultades, la vacuna o el remedio que acabe  con el virus o le haga entrar en el catálogo de enfermedades y males con los que el ser humano se resigna a convivir. 

Todos los seres vivos han parasitado y parasitan en otros, desde que existe la vida, en La Tierra, hace miles de millones de siglos, sin tener en cuenta que su acción puede acabar con la vida del parasitado. 

Tambien el ser humano extermina, para su beneficio, a los otros seres vivos, sin reparar, hasta fechas muy recientes, en que está poniendo fin a  aquellos a los que le debe la vida y de estar acabando con el habitat en el que esta es posible. He aquí la responsabilidad que nos ha tocado vivir, a nosotros y la tragedia que vamos a dejar a nuestros descendientes.

Y vemos en esta situación, en que el ser humano ejerce de parásito, el mismo comportamiento irresponsable y suicida de esas mismas sociedades ante la pandemia:  la mayoría la ignora y una buena parte la niega, mientras seguimos en nuestra actividad suicida, emisión de gases de efecto invernadero, deforestación, masacre de especies, deshechos, ganadería intensiva, etc….y hasta hace poco, de forma increíble, los miles de ensayos nucleares al aire libre. 

Las tímidas acciones para evitar la tragedia hacen que la  posibilidad de derrota sea muy importante lo que haría que la historia de La Tierra volviera a su rutina de creación-ensayo-evolucion-destrucción. No olvidemos que La Tierra ha estado muchos millones de años sin seres humanos y que el homo sapiens es el único que queda ya de nuestra especie pues otros, no sabemos cuantos, han desaparecido o hemos acabado con ellos.

Si no surge, como en la pandemia, el remedio individual, que el genio del ser humano tantas veces regala, como respuesta generosa a la mezquindad con que la sociedad le trata y le arrincona, el futuro es tenebroso. Empieza a serlo ya.

Sería imprescindible que el tímido proceso, en marcha, de globalización culminase para que todas las naciones, todas las sociedades, aportasen. sin regateo, las renuncias necesarias para la salvación de todos. Estamos obligados a entendernos para evitar las catástrofes, que ya aparecen, y que pueden acabar con la vida humana.

Pero mucho me temo que la eliminación de ese egoísmo, reticencia e ignorancia de tantos, solo pueda hacerse, una vez mas, mediante la fuerza de una tiranía, lo que hará al remedio tan malo como la enfermedad.

Jesús Carasa. Escritor y Pintor.

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