ESTAMOS EN MAL ESTADO

ESTAMOS EN MAL ESTADO

                                       ESTAMOS EN MAL ESTADO

Penetro en campo minado.

El proceso constitucional del 78 es aceptable y homologable, en el mundo occidental, en cuanto a regulación de derechos, libertades y obligaciones del ciudadano y los distintos poderes; pero los arquitectos del nuevo Estado pretendieron, además, poner fin a las tendencias separatistas haciendo concesiones tan generosas que lograsen, definitivamente, la adhesión, participación y lealtad de los grupos que las mantenían vivas.

Llevados de su buena voluntad, que presuponía la de los demás, tomaron decisiones tan erróneas y de tan difícil retroceso, que no solo dejaron el problema sin solucionar sino que crearon otros tan graves como él, además de que la eventual contrapartida, a esas cesiones, no estuvo, nunca, garantizada por ninguna negociación seria y mucho menos, pactada. Había prisa y quizá se dio por supuesto que, llegando tan lejos, el acuerdo, tarde o temprano, era seguro. 

Los arquitectos del nuevo Estado nunca comprendieron que el separatismo lo quiere todo y seguirá aspirando a la separación definitiva. Su empeño era, tan imposible, como hacer un huerto regando las dunas del desierto.

De entrada se concedió una amnistía, que dejaba en la calle a terroristas que siguieron matando inocentes, hasta que se les encasquillaron los revólveres, sin  conseguir doblegar la admirable voluntad del pueblo.

Se les ofreció la reversión del larguísimo, inacabado y doloroso proceso de homogeneización de los antiguos reinos españoles, emprendido por los Borbones; se añadía, como regalo, nada menos, que la destrucción y desguace de Castilla (España), entidad aglutinadora, que les hacía demasiada sombra y como propina, se incluía desgajar, de sus restos, la cuna de su idioma, La Rioja, provincia con la que, sin saber que hacer, acabaron acuñando una absurda miniautonomía, que nadie había pedido. 

Y mas, dotaban a los entes territoriales, con aspiraciones separatistas, de instituciones casi semejantes a un estado. Y todavía mas, se otorgó, a las autonomías proclives al nacionalismo, ventajas en las leyes electorales que les permitieran  proyectar, en el gobierno de la nación, mas protagonismo que el que la aritmética les concedía. Ventajas que, desgraciadamente, han utilizado, en sentido contrario,  chantajeando, con sus votos, a los partidos nacionales negociadores de mayorías de gobierno, y consiguiendo privilegios que siguen ahondando la separación y la desigualdad.

Durante los apresurados movimientos por conformar este nuevo Estado, se alzaron, como no, las voces de otros territorios que dejaban claro que no se conformarían nunca con quedar postergados y que, en caso de cambio, aspiraban a gozar de los privilegios máximos. Los negociadores, en su precipitado afán por culminar el proceso y contentar a todos, concedieron el status de autonomía a aquellos territorios que lo pidieron y a algunos que ni lo habían soñado. Fue el famoso “café para todos” que convirtió a España en un pais federal imposible de gobernar con la agilidad que requiere el mundo actual.

El resultado hubiera sido, quizá, asimilable si el Estado hubiera quedado compuesto por tres, cuatro o cinco autonomías y esto hubiera puesto fin al sentimiento secesionista; pero acuñar un Estado integrado por diecisiete miniestados dejando, totálmente abierto el problema que se pretendía resolver, es un error histórico rayano en la traición.

Se ha creado un Estado torpe, caro, poco dinámico, con excesivos focos de decisión, que se solapan y perturban, atiborrado, además, de políticos que enredan y paralizan la labor de los funcionarios. Nos lleva a contracorriente de la historia que tiende a la unión y globalización y fomenta el espíritu pueblerino llevándonos a preferir lo de “ser uno de los nuestros” por encima del mérito y la excelencia.

No os llame a engaño que apenas se oigan denuncias del calamitoso proceso de formación, ni del fallido resultado, salvo las leves de políticos novatos o partidos en el inicio de su carrera que, enseguida se acallan; la explicación es que la clase política está conforme y lo acepta como todo lo que sirva para engordar sus estructuras, para cantera y preparación de nuevas figuras, para alistamiento de personas adheridas (enchufados) y para manejo de tinglados e intereses personales o de partido.

Y sobre todo, porque este pueblo, al que, encima, se denigra, por los    exquisitos comentaristas, emparejándolo en el denigrante ¡QUE PAIS!, con los ensordecedores abejorros de lo politicamentecorrecto (sic), lo soporta todo y todo lo endereza con paciencia inaudita.

¡Ah!. Y, además, paga la cuenta. 

Jesús Carasa (7-7-20) Pintor

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