GOBIERNOS DE COALICION

GOBIERNOS DE COALICION

Existe, de continuo, en la sociedad, como un desasosiego, una desazón, al ver como las referencias que orientan al individuo en su comportamiento, cambian continuamente.

Todas las generaciones interiorizan como una especie de esperanza, siempre frustrada, de que los cambios y convulsiones que la sociedad sufre, sin descanso, tengan un final y se acceda a una situación de calma y estabilidad. Pero amigos la historia de la humanidad no tiene el artificio de una película (exposición, nudo, desenlace) en la que, al final, todas las tramas tienen un final, positivo o negativo. Es, por el contrario, como un rio turbulento en el que a pequeños remansos siguen nuevas perturbaciones. Y así eternamente.

La salida de Mariano Rajoy del gobierno ha puesto en evidencia que lo que a duras penas estaba conteniendo es la realidad que ha venido después, la fragmentación ideológica de la sociedad española que tiene su reflejo en la vida política. Hemos entrado en una nueva etapa en que el bipartidismo ha desaparecido.

Tenemos, ahora, que las elecciones han reflejado, crudamente, esa fragmentación y estamos asistiendo a la irrupción de los nuevos partidos y facciones buscando su espacio y protagonismo coincidiendo con la negociación para formar gobiernos de coalición en las Comunidades, Ayuntamientos y Estado.

Esta fórmula representa una novedad en España. Muchas naciones europeas son, ya, veteranas, en esto, pero España, quizá porque la operación Transición apoyaba la consistencia del bipartidismo, es mas bisoña, aunque, todo indica, que entra, como las demás, en esa etapa.

Y accedemos a ella, lógicamente, con inexperiencia y titubeos por parte de los partidos políticos y con desconfianza y menosprecio, hacia ellos, por parte de los ciudadanos que creen que sus tanteos y transacciones son chalaneos que tienen por objeto, únicamente, repartirse cargos y prebendas.

La confusión y desorientación en el proceso comienza por no saber con quien se puede coaligar. Se supone que podría ser objeto de alianza cualquier partido que respetase La Constitución y sus leyes; pero hemos admitido tan extrañas fórmulas para jurarla, que están concurriendo en el juego político partidos cuyos representantes, aunque participan en el acto protocolario de la jura, quieren dejar claro en él, ante propios y extraños, con sus alambicadas fórmulas, que se consideran al margen de ella y no la respetan. Y se admite cualquier aberración por lo que, a la hora de pretender legitimar o deslegitimar una negociación, conducente a un posible pacto, el haber “jurado” La Constitución no sirve de nada y se busca, en las hemerotecas, constancia de hechos, dichos o acontecimientos que la avalen o la deslegitimen.

Es de resaltar el grado de ridículo al que se ha llegado, huyendo, absurdamente, de un complejo de autoritarismo y cayendo en conductas de pánfila permisividad al admitir fórmulas de juramento que podrían formar parte de algún texto usado por artistas del Club de la Comedia.

Pero amigos, el toro está en el ruedo y hay que hacerle faena sean cuales sean sus dificultades. La formación de gobiernos se hará, como estamos viendo, mucho mas complicada que antes.

En mi interés por verle, a esta nueva situación la parte positiva que pudiera

tener, pienso, que esa necesaria búsqueda de ajustes ideológicos entre partidos irá haciendo, con el tiempo, una labor de pulimento y erosión de las aristas, que ahora se mantienen voluntariamente afiladas en busca de la necesaria identificación ideológica de cada partido.

La necesidad de llegar a acuerdos irá, espero, dejando a un lado la peeminencia de los factores ideológicos, mas difíciles de compaginar, primando los factores de administración y de programación de actuaciones concretas sobre problemas específicos.

Y, como desideratum, la esperanza de que se vayan archivando, de una vez, las antiguallas, las etiquetas que resultan ya infantiles en el mundo en que vivimos, que no somos capaces de olvidar, que solo sirven para separar y ofender, y que siguen y siguen vivas, alimentadas y manidas por los que no sirven para otra cosa, dificultando la necesaria colaboración: facha, progresista, franquista, extremista, separatista, radical, comunista, machista, ultra, etc….

Los que queremos vivir en el siglo XXI estamos hartos de los que seguís en el XX queriendo sacar tajada de él eternamente. Dejaos de “poesía” y atended el viejo consejo: ¡Es la economía, imbécil!.
Jesús Carasa (8-8-19) Pintor y Escritor.

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