LA LLAGA EN EL COSTADO (IZQUIERDO)

LA LLAGA EN EL COSTADO (IZQUIERDO)

                  LA LLAGA EN EL COSTADO (IZQUIERDO)

Penetro en campo minado

Como pago a redimirnos de la peor crisis económica de la democracia, escabechamos, como es nuestra costumbre, a nuestro Presidente, el elegante y brillante orador Mariano Rajoy. El era el muro que contenía a una nueva generación de políticos que irrumpen, ahora, en tropel, desplegando su ambición, su inmadurez, su adanismo, su falta de preparación y su carencia de escrúpulos, lo que ha puesto de manifiesto un inquietante panorama que preocupa y solivianta a muchos ciudadanos. 

Además, esta pandemia que estamos manejando tórpemente, ha derribado, de nuevo, el edificio económico que no habíamos acabado de reconstruir. 

Algo similar ocurrió tras la muerte de Franco con la diferencia de que, entonces, todos pretendían construir y ahora, muchos prefieren destruir lo construido.  

La Socialdemocracia es un sistema que, históricamente, ha sido pionero en la gran misión de reclamar la ayuda que, dentro de las posibilidades de cada país, la sociedad debe prestar a los que quedan sin capacidad de ganarse la vida o atender a su salud; y en la de proporcionar posibilidades de promoción social a los que nacen sin ellas. Y esto sin cortar la iniciativa ni mermar posibilidades a los que tienen fuelle para crear riqueza, proporcionar nuevas ideas y proyectos, conseguir nuevos objetivos o embellecernos la vida. 

Ultimamente se dice que la Socialdemocracia no tiene mensaje y es verdad, no tiene proyecto porque ya lo ha cumplido. Todo el mundo occidental, en mayor o menor grado es, al día de hoy, una gran socialdemocracia.

El problema surge, lo vemos en España, de su necesidad de llenar ese vacío de mensaje para presentarse a los electores. Y de la prisa en hacerlo dada la arraigada ansiedad de poder del socialismo. 

Desazonada por esta carencia, la vemos apropiarse y regurgitar las “recetillas progres” que el comunismo ha puesto de actualidad: Pacifismo, feminismo,  disolución de la familia, ambigüedad de sexos, crítica a la Religión, a la Justicia, a la Menarquia, a la Constitución, al Estado (“nación de naciones”), y dilución de la propiedad privada, el mérito, la excelencia, el emprendimiento etc…. sin reparar en que ello representa un ataque a las columnas que sostienen la civilización occidental  y hace el trabajo al comunismo.

La prisa les lleva a buscar el atajo de la sectarización y no del convencimiento, alimentando a sus huestes con “recetillas” de lo “politicamentecorrecto”: Progresismo, franquismo, fascismo, deslegitimación y demasiadas veces, mentiras flagrantes. Y a recuperar la “memoria histórica”, que Zapatero inició, siguiendole en el error de abrir viejas heridas y recalentar casi apagados odios. 

Y como él, vuelven, una y otra vez, al pasado buscando, ciegamente, en la  desafortunada Segunda República, la legitimidad. Y hacen tabla rasa, nada menos que de los últimos ochenta años de modernización, paz y progreso, a los que descalifican y consideran ensuciados por el franquismo. Y vuelven al peligroso “cordón sanitario” acusando de “ultras” a partidos, tan demócratas como ellos, con muchos millones de seguidores.

Y lo hacen abusando de su heredado control de los medios de comunicación y  de su buena utilización de las redes sociales, lo.que les produce un rendimiento, de votos, fácil y rápido.

El socialismo siempre ha tenido un sentido silvestre de la economía, que les lleva a ocuparse del reparto justiciero de la riqueza desentendiendose de los mecanismos por los que esta se crea. Esta “inocencia” económica les lleva a producir crisis, ahondar las heredadas y a no saber ponerles remedio, lo que ha llevado a nuestra sociedad a momentos muy difíciles. Ahora vemos incubarse uno que no va a ser de los pequeños, precisamente. 

Ante esta preocupante situación, sus patriarcas se manifiestan alarmados y denuncian el rumbo que está siguiendo esta nueva generación de los suyos, que guarda ciega fidelidad al jefe que les ha llevado al poder. Y este, quizá, no se atreve a defraudar a los que le siguieron en su aventura, deslizandose, poco a poco, en busca de apoyos en el Parlamento, a planteamientos del comunismo cubano-venezolano,  disfrazado, infantílmente, de “progresismo”. 

En circunstancias difíciles, se ha creído obligado a  recabar ayudas y votos, por ese lado, sin reparar en el coste de las facturas que tiene que pagar por ellos. Digamos que ha comprado votos que, a todos los españoles, nos salen demasiado caros.

Jesús Carasa (19-12-20). Escritor y Pintor

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