LA MENTIRA ES MENTIRA

LA MENTIRA ES MENTIRA

LA MENTIRA ES MENTIRA

Me he propuesto, últimamente, escribir sobre temas de actualidad con la idea,  como siempre, de hacer la colada de mis ideas y contribuir, aunque sea mínimamente, a analizar y aclarar esta situación, tan candente. El de la mentira ha llamado, insistentemente, a la puerta de mis entendederas, pero me ha costado abrir paso a una visita tan mezquina y antipática.

El casual hallazgo de una cita del prestigioso profesor Josep María Castellá me decide, por fin a hacerlo. “Con Zapatero, la izquierda quiebra la cultura de pacto de la Transición”, dice la cita, que no tiene nada que ver con la mentira pero que, a mi, me desata una serie de reflexiones que la traen al escenario. 

La primera es observar que el renqueante mandato de Sánchez, aparentemente producto de la improvisación y del imperativo de conseguir y mantener el poder, a toda costa, tiene, ya, una historia a considerar y que, a mi juicio, lo hace continuación del de Zapatero, no se si por decisión propia o por la dinámica de los acontecimientos políticos. Se continúa, en él, erosionando “la cultura de pacto de la Transición”.

Es curioso que la izquierda no deja de acusar a la derecha, de nostalgia del franquismo, que es, totalmente residual, cuando la suya de la Segunda Republica es mucho mas acuciante y no cesa de buscar, allí, el inicio de toda legitimidad. Y en eso está. En eso y por encima de todo, en la conquista y retención del poder. Esa es la estrategia.

En cuanto a lo táctico, el parecido sigue siendo absoluto: Se resucita la práctica del cordón sanitario buscando la confrontación, hasta el exterminio, del adversario político y se busca o se crea el elector sumiso inoculándole recetas, lemas, consignas y embelecos sencillos y directos que halaguen su buenismo o exciten sus instintos mas bajos. Lo que se llama una secta, vamos. Y en este terreno de secano, cala la mentira como el agua de verano. 

La mentira es hija del sectarismo, arma arrojadiza, pedrusco ideológico y munición para usar contra el adversario. Y para ser admitida, de la forma desvergonzada con que lo es hoy, hacen falta partidarios con el grado de sectarismo elevado y con el sentido de critica anulado. 

Mentiras que un ciudadano rechaza y denuncia, todos los días, en su vida normal son asumidas, sin pestañear, para su debate político. Y los mismos políticos, que mienten a todas horas a micrófono abierto, se cuidarán muy mucho de tener ese comportamiento mendaz con su familia y amigos.

Pero lo tienen bien sabido y se plantean su actividad y cada acto de ella buscando el triunfo puntual, sin tener en cuenta la coherencia y las contradicciones con la hemeroteca. Les trae sin cuidado que, una vez acabado el acto, se les acuse de falsedad en los datos y manifestaciones. La veloz dinámica de los acontecimientos, hace pasar página. En cualquier caso, sabe ya, que su parroquia se lo tolerará y le aplaudirá, y sus medios lo emborronarán. Lo importante, para él, es que el acto sirva, puntualmente, como arma arrojadiza para utilizar contra el adversario. Esa es la técnica.

Los colaboradores, desde ministros para abajo, siguen el juego a sus jefes, obedientes como el caballo de un rejoneador pues están ahí, elegidos por una merced inaudita, ocupando un puesto que nunca soñaron. Ya decía Zapatero a su mujer, “no puedes imaginar la cantidad de personas que podrían gobernar España”. Y así es, porque no se elige a los mejores sino a los mas sumisos que agradecidos, no solo avalan las mentiras de sus jefes sino que se esfuerzan en igualarles o superarles en el tamaño y número de sus mentiras.  

La derecha va detrás del señuelo de estas mentiras de la izquierda con la esperanza de poner en evidencia al político mendaz y hacer ver al pueblo, al  eventual votante, su falsedad; pero eso ya no sirve para nada y las encuestas y las elecciones demuestran ahora, como en los tiempos de Zapatero, que hay una parte del electorado que no castiga este comportamiento, sino que considera la mentira como un arma a la que acepta recurrir si sirve para derrotar y eliminar al odiado adversario convertido en enemigo. Es la guerra de las palabras. Y en la guerra vale todo.

Hace tiempo que pasaron del “nosotros hacemos esto porque es lo mejor” al “esto es lo mejor porque lo hacemos nosotros” y del “este es de los nuestros porque  es progresista” al “este es progresista porque es de los nuestros”.

Jesús Carasa (7-6-20) Pintor

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