LA MONCLOA DE LOS PACTOS

LA MONCLOA DE LOS PACTOS

LA MONCLOA DE LOS PACTOS
La obsesión por conseguir el poder, por mantenerlo y por aumentarlo, es tan acuciante, en el político, que en “La Moncloa”, aunque parezca mentira, se permiten detraer voluntad y neuronas, de esta cruel lucha contra la pandemia para dedicarlas al futuro, a su futuro. Es un despilfarro que, ellos, no se deberían permitir. Nosotros, los que estamos cuerpo a tierra, si que podemos hacerlo, pues nos sobra tiempo para pensar en el futuro y en todo. 

Pedro Sánchez es un político prototípico de la era en que vivimos. Cocido, enteramente, en el horno de su partido, carente de principios sólidos, de bagaje intelectual y de proyecto de futuro para el país, tiene, sin embargo, un instinto muy certero para orientarse hacia el mando, para conseguirlo y conservarlo, y una confianza infinita en su superioridad para ello, pues, él, está dispuesto a hacer todo lo necesario y los otros no. Lo hemos comprobado. Le hemos visto y lo vemos, en situaciones increiblemente precarias, driblando y regateando a amigos y enemigos para ganarlo, recuperarlo, perderlo, volverlo a ganar y detentarlo. 

Maniobra, certéramente, para comprometer voluntades de los no amigos y para elegir, motivar y fidelizar colaboradores que le siguen ciegamente. 

Los errores que cometen, él y su gobierno, son aguados, a la opinión pública, por los medios de comunicación, que él ha sabido adherir. Los francotiradores, que pretenden escapar de ese contubernio, son asaeteados, sin duelo, por la numerosa infantería digital que inunda, las veinticuatro horas del día, las redes sociales. 

Las últimas elecciones le dieron una victoria tan precaria que ha sido milagrosa la forma en que se ha hecho con el poder, aun contando con la ventaja que le da, sobre los demás, el carecer de escrúpulos para dar o prometer lo que haga falta para conseguir su apoyo. Lo hemos visto. 

Y, ahora, vemos como esta pandemia, que nos arrasa, le permite convertir esa precariedad en la oportunidad de arrogarse un poder tal, que le ha convertido, de la noche a la mañana, en el presidente español que mas poder ha acumulado y…usado. Sin apenas obstáculos. Y cuesta y costará, no solo limitarlo, sino que no aumente. 

Se quiere tomar su anuncio de llegar a convocar unos nuevos Pactos de La Moncloa como un simple afán de distraer nuestra atención del gran problema que puede poner de relieve sus errores; pero, amigos, no minusvaloreis al personaje, yo creo que su infinita vanidad está buscando, ya, alguna fórmula que, no solo le permita seguir en el poder, sino “esculpir su estatua”, ser un antes y un después en la historia de España. Ni mas ni menos. 

Su error ha sido denominar, al necesario acuerdo, nuevos Pactos de la Moncloa pues ello pone en evidencia sus intenciones de emular al gran Adolfo Suarez. Pero las necesidades y los tiempos son otros y las personas en liza también. Suarez se desangró en la búsqueda generosa y sincera del acuerdo, limando, incansable, las rudas aristas de aquellas figuras graníticas y llevándolas al pacto político, que fue la base de La Constitución y al económico, que nos sacó de la enorme debacle en que nos había sumido el retraso en afrontar la crisis del petróleo iniciada en el 73. 

Si que sería necesario, ahora, un acuerdo, se llame como se llame. Las dificultades no son tan grandes como entonces. Los políticos de ahora son mas dúctiles y la Constitución que aquellos pusieron en pie, solo necesitaría arreglos cosméticos o dejarla como está para no buscar mas dificultades. Ha demostrado su fortaleza tras aguantar las envestidas del terrorismo anarquista y vasco y los enredos de los desleales separatistas 

El gran problema, ahora, sería la economía pues la crisis que se está incubando será pavorosa. El acuerdo debería consistir en buscar otra figura tan prestigiosa como fue la de Fuentes Quintana, gran experto y gran SEÑOR, al que todos obedecimos cuando se le puso en el puente de mando. Yo era empresario entonces y lo pasé….como ahora lo van a pasar otros. 

He dudado en contaros lo que sigue, pero lo voy a hacer. Este gran SEÑOR, cuando arregló nuestra insula, se marchó tan discretamente como Sancho después de gobernar la suya. Yo lo veía, muchos días, Paseo de Pérez Galdós abajo, camino de la playa con su sillita al brazo. Nunca mas oímos hablar de él. 

No dudeis de que en España, aunque hay demasiados quijotes, siempre hay sanchos como él, para gobernar nuestra Insula. Lo que hace falta es poner el interés del país por delante, reconocerlos, llamarlos y obedecerlos como hicimos entonces. Comentario del posible lector: ¿Te parece poco, amigo Jesús?. Jesús Carasa. Pintor ( 8-4-20)
www.jcarasa.com
Blog: loprogrenoesprogresista.com 

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