LOCO EL QUE LO LEA

LOCO EL QUE LO LEA

Yo tengo un amigo, (así empezaba Cachano), obsesionado con el tema de la inteligencia artificial, cuyo advenimiento nos anuncian, a todas horas. Me habla, constántemente, de que el hombre está a punto de crear entes o entidades que le superarán en inteligencia y en rapidez de pensamiento, que almacenarán cantidades inmensas de conocimientos y que podrán hacer el trabajo que les encomendemos sin interrupción. Habla y no calla del alivio que representarán para el trabajo del hombre, si sabe utilizarlas en su beneficio. Nos enzarzamos, mas veces de las que yo quisiera, en discusiones sobre la viabilidad de esas “máquinas”, la dificultad de delimitar los márgenes de su actividad y el problema de su control y sacamos a la conversación la, quizá, profética película “2001 Una odisea en el espacio” en la que la máquina inteligente Hal, concebida para encargarse del gobierno de todos los mecanismos de la nave espacial destinada, precisamente, a ir al encuentro de los que sembraron la inteligencia en nuestro planeta, mediante aquel misterioso paralelepípedo, se rebela y pretende asesinar a los humanos viajeros espaciales que, a SU JUICIO, se proponen traicionar el objetivo y dejar de cumplir la misión. Mi amigo es devoto, no solo de esta película, sino de todas aquellas narraciones y “estudios” que pretenden elucubrar sobre la visita a La Tierra, pasada y presente, de alienígenas y de su posible interactuacion con los humanos, en lo que él cree ciegamente. Y mete en el mismo saco la, para él, evidencia de que todas las religiones, cuando nos hablan de dioses, de lo que realmente nos hablan es de esos seres que, además de ser nuestros creadores, nos visitan e interactuan con nosotros. Y ya metidos en la refriega, me hace ir a la Biblia, libro en el que él ve muchos pasajes que pondrían en evidencia esa relación con nuestros creadores. Es absurdo pretender descubrir, ahora, que la Biblia es un libro interesantísimo para todos, no solo para los creyentes. A mi mismo, me ha pasado, muchas veces, acordarme de pasajes que atraen mi atención porque encuentro en ellos similitudes y premoniciones, sorprendentes, de experiencias históricas humanas.  Pero él me lleva a su terreno, al Libro del Génesis, a ese pasaje inquietante en el que, según él, alguien ha dejado constancia de que esta situación que nosotros, el ser humano, estamos a punto de vivir, ya ha ocurrido en el pasado, con el enrevesado enigma de que, ahora, no se sabría decir si somos creadores o creados, si somos dioses o criaturas, o las dos cosas a la vez. ¡Toma castaña!. Es el pasaje de la creación del hombre: “Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza….”. Es una manifestación que no deja margen a la ambigüedad. Lo que se pretende decir claramente es que Dios, el creador del hombre, pretendió hacer una replica de si mismo que, además tuviese la facultad de multiplicarse.  Pero el hombre de La Biblia, como la máquina Hal de la película, tomó vida propia y decidió vulnerar los límites dentro de los cuales había sido “programado”.  Es su rebelión y consiguiente destierro del Paraíso Terrenal.  La decepción de Dios es tan grande, ante el fracaso del proyecto, que le abandona a su suerte, lo cual no impide que siga sus pasos  y se manifieste, como vemos en el libro, como un ente próximo, pendiente, continuamente de él, con el que vive sus desventuras, le da órdenes y consignas, le premia y le castiga. Pero no consigue reprogramar su obra satisfactoriamente y como en el film, decide la  drástica extinción de la raza humana, mediante el diluvio. Y me mete en otro batiburrillo algo mas próximo a nuestra realidad. Me recuerda  la famosa película Blade Runner donde vemos la misma fábula, los robots creados por el hombre, tan réplica de si mismo que es difícil distinguirlos, han tomado vida propia y el ser humano se ve obligado a enviar agentes que se encarguen de su eliminación. El ser humano tiene, siempre ante si, esa maldición de que cuando da un paso no sabe si es para bien o para mal y ahora, en esta encrucijada, le puede ocurrir ser víctima de su eventual creación si esta llega a desobedecerle y prueba, como él mismo hizo, la fruta del bien y del mal. El libre albedrío. ¡Ay, amigos!. Es muy duro ir a tomar cañas con mi amigo.

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