LOS ABUELOS

LOS ABUELOS

                       LOS ABUELOS

Penetro en campo minado.

Los investigadores nos cuentan que nuestros prehistóricos antepasados, obligados a nomadear en busca de caza y frutos silvestres, abandonaban a su suerte a los viejos o enfermos que no podían seguir sus caminatas. Pues bien, amigos, esta pandemia, esta tragedia que nos ha salido al paso, nos ha hecho comprobar que estamos, moralmente, donde estábamos hace cientos de siglos. Hemos abandonado, ante ella,  con displicente indiferencia, a nuestros abuelos vivos…. y a los muertos.

Pero puede ser, todavía, peor. Los líderes políticos y los comunicadores que orbitan a su alrededor, que defienden, con tanto ahínco, buscar, sin cesar, los restos de los abuelos, de aquellas generaciones, que padecieron persecución y muerte durante La Guerra Civil y la posguerra, son los mismos que, ahora, han dejado morir, en sus casas y en sus Residencias, a los que, todavía, quedaban vivos, sin emprender, para atenderlos, las acciones para las que estaban responsabilizados. Y sin rendirles el mas mínimo tributo de recuerdo, respeto y reconocimiento.

Algún día, cuando pase esta tortura, tendríamos que volver atrás, como a ellos tanto les gusta y señalar a los causantes, por omisión, de esta masacre. Si matar a tantos, entonces, fue una canallada, no lo es menos dejar morir a estos, con tal indiferencia.

Son los abuelos a los que se menospreciaba diciendo que los españoles no estaban preparados para vivir en democracia, que construyeron un régimen democrático en el que hemos vivido cuarenta años y que puede durar otros cuarenta si lo mantenemos a salvo de las termitas habituales.

Son los que, al iniciar el camino democrático, dejaron fuera al comunismo, cuando parecía que era la izquierda predominante. Los que votaron al PSOE cuando renunció al marxismo y los que nunca dieron opción a que el Comunismo participase en un gobierno hasta que, ahora, ha aparecido en él, cuando el PSOE, lo ha metido por la puerta de atrás.

Son aquellos que se encontraron una nación hundida en la miseria y el analfabetismo y la convirtieron en la octava potencia económica del mundo.

Son aquellos dos millones que emigraron, a Europa, con sus maletas de cartón y además de sobrevivir, convirtieron las generosas remesas a sus familias en la principal fuente de divisas de aquella España.

Son los que aguantaron, estoicamente, los asesinatos de ETA sin escuchar los melifluos consejos de los “listos” que aconsejaban que si ETA no doblaba, había que negociar, políticamente, con ella.

Son aquellos que emigraron del campo a la ciudad, para industrializar España, cuando la única máquina que habían conocido era el arado romano.

Son los hijos de los labradores que estudiaron en internados desde los diez años y que se convirtieron en médicos, juristas, opositores, periodistas, políticos. etc…

Son aquellos currantes para los que hubo que inventar la palabra pluriempleo pues se consideraron felices, con sacrificar sus vidas, para que sus hijos tuvieran lo que a ellos se les negaba por falta de preparación.

Son aquellos que se privaron de todo hasta que sacaron la cabeza por encima de la hipoteca con la que compraron la ansiada vivienda que les permitía formar una familia

Son aquellos que han conseguido, saliendo del analfabetismo, primerísimos puestos mundiales en disciplinas en las que no se podía ni soñar.

Son aquellos que cuando tienen tan merecido haber llegado a la orilla del descanso, vuelven a hacer de padres de sus nietos, ayudan económicamente a sus hijos, cuando están en apuros, comparten sus viviendas y hasta arriesgan sus ahorros para avalar sus aventuras profesionales.

Son los que miran, perplejos, a tanto zascandil, que juega, frívolamente con lo que tanto sacrificio ha costado conseguir y se pasa por la entrepierna, con una pretendida superioridad moral, cuya procedencia es un misterio, conceptos como honradez, lealtad, sinceridad, esfuerzo, amor filial, paternal y conyugal, ahorro, mérito, cultura, etc…con los que ellos han construido el edificio social que, ahora ven en peligro.

Son los que construyeron el sistema político, en el que participaban  ilusionados, cuyo control les ha sido arrebatado por políticos incapaces y rapaces que se aglutinan en castas parasitarias, que crecen y crecen sin parar.

Son los que se ven mezclados y revueltos con esa chusma, cuyos despropósitos les avergüenzan, por esos “listos” que disparan al bulto y a los que no se les cae de la boca el ¡QUE PAIS!. Como si todo lo que hay en él tuviera el mismo valor. ¡Venga ya!.

Jesús Carasa (5-5-20). Pintor.

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