LOS POLITICOS QUE NO NOS MERECEMOS

LOS POLITICOS QUE NO NOS MERECEMOS

LOS POLITICOS QUE NO NOS MERECEMOS

Penetro en campo minado.

Es un clamor, para el que quiera escucharlo, que nuestro panorama político es penoso. Y pocos países se libran de esta situación. No es extraño que, algunos, empiecen a poner en duda la validez de un sistema, por muy democrático que sea, que permite que personajes de tan baja calidad personal y profesional estén al mando de nuestros destinos.

Los encargados de echar balones fuera, recriminan al pueblo, al que culpan de no saber elegir a los políticos que le han de gobernar. Y el pobre pueblo argumenta que, por falta de atractivos, está hastiado de elegir, siempre, el mal menor. Pero se puede llegar mas lejos y culpar a los políticos de que, en su juego diabólico de crear mayorías con las que ganar elecciones, provocan divisiones artificiales y las magnifican, siembran el odio, engañan, sectarizan y avanzan promesas incumplibles mediante los medios instrumentados o periodistas seguidores o venales y si es necesario, recurren a la violencia solapada, a base de sicarios. 

En España, como en las demás naciones, existe un cuerpo de funcionarios, para manejar las administraciones públicas, a los que se les exige, mediante convocatoria de rigurosas oposiciones, un nivel de preparación, mas que suficiente, para la labor que van a desarrollar.

Para los niveles mas altos las oposiciones tienen tal dificultad que exigen, a los que se atreven con ellas, además de títulos de máximo prestigio, dedicar a ello parte de su vida,  en régimen casi monacal, durante varios años.

Pero el pueblo, desconcertado, ve como los Partidos Políticos se nutren de personas cada vez menos cualificadas para la labor que se les encomendará y solo duchos en las martingalas y peleas entre partidos con vistas a conquistar el poder y mantenerlo. La ciega guerra sin cuartel de los políticos, de nuestras democracias, que se libra encima de las tripas del pueblo, que es el campo de batalla.

Y esos advenedizos son colocados por los Partidos, en las parcelas de poder que consiguen, por encima de los funcionarios para manejarlos a su antojo. ¿Que pensarán los padres, de esos funcionarios, a los que pagaron costosas carreras y mantuvieron durante su exigente preparación, con la incertidumbre del resultado? ¡Que gran disparate!.

La lucha por el poder se libra, ahora, en las redes sociales y en los medios públicos que acogen con tanta fruición los temas políticos como los deportivos o del corazón. Y los políticos, para hacerse presentes, a todas horas, dedican a ellos todo su tiempo y dirigen la administración, en tiempo residual y con movimientos espasmódicos que nos enloquecen a todos. 

A veces, muy pocas, ante un atasco grave, no hay mas remedio que llamar a un técnico. Ahí tenemos, en Italia, un ejemplo envidiable. Ante la inoperancia que, a veces llega al ridiculo, de los políticos y sus luchas estériles, se ha llegado al extremo de prescindir de ellos y se ha llamado a la Presidencia de la República a un técnico, a Draghi. Con resultado admirable.

En España tambien tuvimos un ejemplo cuando en el año 1977 llamamos al eminente Fuentes Quintana para que nos arreglase la mortífera crisis del petróleo. Cosa que hizo con brevedad. Pero los partidos políticos temen esas soluciones mas que a una vara verde pues ponen en evidencia su inutilidad.

Zapatero, al que elegimos dos veces, se asombraba de la cantidad de gente que, según el, podría gobernar España; Pero, claro, solo exigía a sus colaboradores una fidelidad canina y a si mismo la voluntad de hacerlo.

Amigos, si hemos llegado hasta aquí, que el pueblo gobierne directamente. ¿Acaso puede hacerlo peor que los políticos que le han usurpado el poder, como de costumbre?.

Quizá la clase política pueda morir por ahí, por su inhibición total en la gestión, dejada en manos de funcionarios. Si no hace falta preparacion para gobernar entonces no hacen falta políticos. 

  Sería deseable llegar a la situación de la envidiable Suiza en que la democracia representativa ha, prácticamente, desaparecido y han llegado a la democracia directa. El pueblo, por fin, manda. Si acertamos, como ellos….¿Donde hay que firmar?.

Jesús Carasa. Pintor.

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