LOS RECORTES

LOS RECORTES

LOS RECORTES

No hace mucho, la Presidenta del PSOE, Cristina Narbona y el partido Podemos han pedido “que el Banco Central Europeo perdone 300.000 millones de euros, prestados a España, en un plan europeo de condonación”.

Han propuesto esa cifra como podían haber propuesto otra, sin ningún respaldo de análisis económico ni de repercusión en las finanzas europeas. Quizá, únicamente, estimulados por la intuición de que esa sería una bonita cifra con la que curar tanta necesidad que la pandemia está causando.

Y segúramente, se sentirían alegres porque sus desvelos podrían llegar a paliarla y gratamente sorprendidos por haber sido ellos los que habían encontrado la fórmula, para hacerlo, cuando tantos sesudos economistas y políticos estaban, infructuosamente, en su búsqueda.

Yo escribí, en su momento, que estos bienintencionados padres y madres de la patria habían vuelto a descubrir la antigua “solución” de degradar la aleación de las monedas en circulación o “envilecimiento de la moneda” o para no ir tan lejos la de la “maquinilla“ de acuñar billetes, sin ningún respaldo económico.

Incluso habían saltado por encima de la solución que están adoptando todos los gobiernos, que consiste en no adoptar ninguna, sino en seguir engordando la deuda, del país, hasta cifras que los bancos calculen que nuestros descendientes son capaces, no de pagar, sino de seguir garantizando el pago de los intereses, como hacemos nosotros. 

Permitidme que os cuente, otra vez, mi tabarra favorita, sobre este asunto. En mi primera visita a Nueva York, allá por el final de los sesenta, ya existía, en Times Square, un contador que marcaba, instantáneamente, el progreso de la deuda nacional. Alguien trataba de denunciar su escandaloso progreso. Pues bien, allí sigue testificando que la deuda no ha dejado, un solo instante, de crecer. ¿Retrocederá alguna vez?.

Progresando en mi reflexión, vuelvo a insistir en la insólita convicción de que muchos miembros de Partidos de Izquierda, consideran que la riqueza es un bien silvestre que no necesita siembra ni cultivo y de la que hay que ocuparse, únicamente, para su reparto justiciero, pues su acumulación, por “los ricos”, les parece, siempre, abusiva o sospechosa de delito.

Tambien he de insistir en la transformación que experimentan, muchos, al pasar  de tomar disposiciones sobre la bolsa propia a la formada en común. Personas estrictas en la administración de la suya se convierten en manirrotos al hacerlo de aquella en que participan varios.

Ahora os acordais, todos, de aquellos amiguetes que piden los platos mas caros cuando la cena se va a pagar “a escote” o del vecino que cree que el fondo de comunidad da para convertir la casa en un palacio.

Los hay que llevan esa magnanimidad en los gastos comunes a la vida de la nación y piensan que lo recaudado, con los impuestos, da para realidades.….y sueños.

Los hay que creen que se pueden escribir en piedra derechos de los ciudadanos,  desde la cuna a la sepultura, aunque tengan un coste económico, como si la posibilidad de hacerlo no estuviese a expensas de nuestros aciertos económicos en una sociedad tan competitiva como la nuestra.

Los hay que creen que las prestaciones, que el ciudadano recibe del estado, deben ser cada vez mayores en número y en calidad.

Y los hay, para colmo, que creen que el Estado no debe “incurrir” en la tacañería de ahorrar y ejercer una buena administración de los bienes que emplea en darnos esas prestaciones. Ven bien que el Estado busque que estas sean cada vez mejores pero son muy reticentes a que sean lo mas baratas posible. Me refiero a los famosos RECORTES. 

Aquellos que son los primeros en hacerlos, en su economía familiar, cuando vienen mal dadas, buscan calificativos peyorativos para las administraciones que se atreven a adelgazar los gastos, en los malos tiempos, aunque se nos vaya el dinero por la alcantarilla.

¡Será por dinero!.

Jesús Carasa- Escritor y Pintor.

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