PABLO IGLESIAS Y LOS AUTOS DE CHOQUE

PABLO IGLESIAS Y LOS AUTOS DE CHOQUE

PABLO IGLESIAS Y LOS AUTOS DE CHOQUE

Penetro en campo minado.

Hemos vivido, recientemente, un hecho insólito y poco analizado. Es el paso, voluntariamente breve, de un atrabiliario personaje como Pablo Iglesias, nada menos que por la Vicepresidencia del Gobierno. Es una gran hazaña de un modelo, hasta caricaturesco, de político actual.

Digo caricaturistico pues su personalidad está confeccionada con los retales mas acusados del político al uso: 

La afición al poder por el poder. 

Orientación, permanente, de la conducta según la última encuesta.

Siempre en campaña electoral. 

Renuncia a la gestión y activo en la agitación. 

Y adicción a los medios de comunicación públicos, semipublicos y personales, que son el foro de su actuación permanente. Le hemos visto, en El Congreso,  ausente de su entorno, totalmente abstraído en el manejo de su móvil. Esta imagen le supone un nivel de “enganche” totalmente enfermizo, que hace que su vida ya no esté en el sitio donde hace acto de presencia, sino en el móvil, en la comunicación.

¿Por que llegó hasta allí?. ¿Que hizo mientras estuvo?. ¿Por que se fue?.

Llegó (él y su mujer, caso insólito en la política mundial), porque tuvo la grandísima habilidad de confeccionar y dar a Sánchez, a elegir, entre dos ridículos, quedarse sin el poder o compartirlo con separatistas, exterroristas y comunistas, fuerzas con las que nadie gobernaría en Europa. 

¿Que hizo mientras estuvo?. Nada. Es un hombre negado para la gestión. El único pujo reivindicativo, de su área de actuación, fue, nada menos, el de la gestión de las Residencias de Mayores, que ha sido el campo de mayor inoperancia y mala gestión del gobierno durante la pandemia. No se le conoce ni una mañana de dedicación a ello.

¿Por que se fue?. Porque se le veia el plumero. Satisfecho su ego, quedaba, día a día, al descubierto, que todo un Vicepresidente de Gobierno no podía aportar ni un minuto de trabajo documentado y elaborado. Comprendo su dimisión pues parece insufrible acudir cada día al despacho y pasar, allí, las horas sin saber que hacer. 

He escrito, recientemente sobre las cosechas de políticos y llegaba a la conclusión  de que la última, la que estamos viviendo, es la peor de todas y al escribir mi reflexión, me venía a la mente una pista de autos de choque como símil del espectáculo político actual.

Recuerdo, en mi infancia, haber sentido, por aquella atracción, una adicción, un tirón, similar, me imagino, al que sienten, ahora, nuestros niños por las tablets, lo que me llevaba a gastar la paga, del día, en un suspiro.

A la satisfacción, incomparable, de estar al volante de un vehículo, se unía la de chocar a los que te caían mal, evitar a los que venían a por ti o elegir rutas evitando todo roce con los demás. Lo amargo era oír el claxon de finalización y sentir al vehículo sin fuerza para seguir un metro mas.

Pues bien, ahora contemplo el panorama político y veo una pista de autos de choque. Los políticos montados en su vehículo mediatico, su móvil, eligiendo las mismas alternativas que yo elegía entonces y a ninguno que vaya a ningún sitio pues están cerrados en esa pista, sin ningún horizonte que vaya mas allá de ese juego de intercambiar o eludir golpes.

El político de hoy ya no está en lo que debe hacer o no hacer sino en lo que debe decir o callar. Su labor ya no está en la gestión sino en la lucha por la consecución del poder y su retención a base del combate, sin tregua, en los medios públicos o privados.

El móvil como auto de choque. Y Pablo Iglesias como su campeón.

Jesus Carasa. Pintor y Escritor

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