VERGÜENZA NACIONAL

VERGÜENZA NACIONAL

                        VERGÜENZA NACIONAL

Penetro en campo minado.

Ante una terapia o remedio, que parece no surtir efecto, siempre hay dos posiciones, la de los menos tenaces o mas indecisos, que defienden que hay que cambiar el tratamiento y la de los mas convencidos, de su idoneidad, que quieren insistir en él, incluso aumentando la dosis. Es lo que vemos en la actitud de los partidos llamados constitucionalistas, frente al separatismo, que defienden estas dos actitudes, aunque, ninguno es capaz de explicarla, ni defenderla, con claridad.

La Transición a la democracia fue, en España, una operación política milagrosa  porque todos, hasta los que parecían enemigos irreconciliables, aportaron su buena voluntad para saldar los eternos problemas y emprender, con sinceridad, un nuevo camino democrático. Y el pueblo con ellos. 

Todos……menos los separatistas. Ellos hicieron caja con las concesiones que la buena voluntad de todos les regaló, con la esperanza de solucionar el asunto definitivamente y reanudaron el camino hacia sus objetivos, considerando que cualquier arma era legítima para conseguirlos, desde la bomba hasta la sectarización, desde la mentira, la tergiversación y el oportunismo, hasta la traición.

Todos los problemas que el separatismo nos causa tienen su origen en la resistencia a admitir este triste y evidente fracaso inicial: Las cesiones que se hicieron y se hacen, al separatismo, no sirvieron entonces, ni sirven hoy, para solucionar ese problema sino para alimentarlo, ratificarlo y perpetuarlo. 

El pueblo español fue ejemplar y heroico en la defensa pacífica de la Constitución frente a la bomba de ETA y aguantó, sin vacilación, el rosario de tragedias sangrientas, afectivas, económicas y de exilio que los terroristas produjeron.  Las fuerzas de policía aportaron su sufrimiento y su eficacia y se hubiera puesto final a ETA y lo que ella representaba si, la aparición del nefasto Zapatero, no le hubiera brindado asilo abriendo unas oscuras negociaciones que le permiten seguir en activo, dentro de una tramposa legitimidad y proseguir su camino en la consecución de sus objetivos.

Zapatero. He aquí el típico ejemplar cuya falta de principios y/o de tenacidad lleva a modificar el tratamiento, que tarda en surtir efecto, cambiándolo, sin acierto y haciendo que la enfermedad recupere terreno.

El separatismo catalán ha seguido el mismo camino que el vasco del PNV de aprovechamiento de las ventajas iniciales vendiendo, a unos y a otros, los privilegios electorales que se les concedieron para que pudiesen participar, mas actívamente, en la gobernación del conjunto. Y se han dedicado a aumentar el número de sus seguidores utilizando, sin rebozo, las concesiones, en educación e información, que, inocéntemente, el pacto inicial les concedió. 

También aquí, el nefasto Zapatero empeoró la situación, so pretexto de arreglarla definitivamente, al animarles, nada menos, a presentar un nuevo Estatuto que se aceptaría, sin enmienda y que al ser rechazado, como incompatible con La Constitución, necesitó adaptación a ella. 

El imposible cumplimiento, de esta oferta de Zapatero, ayudó al separatismo a vender un mensaje victimista que le llevó, nada menos, a proclamar la Republica Independiente de Cataluña, lo que, tras juicio público, llevó a los principales mandos rebeldes o sedicentes a la cárcel.

La aplicación del 155 y esta condena parecieron dar la razón a los que creen en el tratamiento constitucional como medio de hacer frente al separatismo; pero otra vez, como Zapatero con ETA, Sánchez ha abierto otras oscuras negociaciones para cuyo comienzo, sin que conozcamos contrapartida, ha ofrecido, nada menos, que dejar sin efecto el juicio celebrado, indultando a los responsables de sedición y prevaricación.

Los partidos constitucionalistas y gran parte de la opinión pública, se manifiestan en contra de esta disposición de Sánchez, como antes lo hizo con la política de Zapatero; pero mucho me temo que, con ser rechazables ambas, el asunto es de mucho mayor calado y complejidad.

El asunto es que LOS DOS partidos, que han gobernado, han dado alas al separatismo comprando sus votos con concesiones que lo alimentan y que ninguno de los dos ha ayudado, nunca, al otro para que no necesite hacerlo; pues ademas de abrir viejas heridas, han creado, entre ellos, agravios mas irreconciliables que los que tenían al crear la Constitución. Este es el verdadero problema, del que los dos son responsables y que pone, vergonzosamente, en riesgo la unidad de España. 

Una VERGÜENZA NACIONAL

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