YO QUIERO DERRIBAR ESTATUAS

YO QUIERO DERRIBAR ESTATUAS

                                          YO QUIERO DERRIBAR ESTATUAS

Penetro en campo minado.

La noticia del derribo de algunas estatuas me impulsa a visitar mis almacenes en busca de opiniones al respecto. Sorprendentemente, no encuentro, allí, una condena cerrada ante este hecho bárbaro.Tengo que reconocer que yo aplaudiría el derribo de las de algunos “personajes”. Decididamente, me declaro, no sin sorpresa, iconoclasta cabal.

Es mas, encuentro allí, sentimientos, opiniones e ideas que me asustan a la vista de lo lejos que están respecto a las de comentaristas que me merecen mucho respeto pues voy mas lejos y pienso que la notoriedad y el prestigio de ciertos personajes históricos deberían ser revisados y medidos con criterios actuales. Justamente lo que se condena por los que defienden la idea de que la historia está esculpida en piedra y no se puede alterar. Eso es historia, dicen; pero yo me sorprendo, a mi mismo, pensando, precisamente, que la historia debería reescribirse, midiendola con valores que hemos conquistado recientemente.

Tengo que aclarar, rápidamente, que los criterios o valores a los que me refiero no son los que pretenden endilgarnos, sin descanso, los cansinos sectarios de lo “politicamentecorrecto” (sic), que buscan pastorearnos a sus rediles, sino a los mas acordes con los fines que la humanidad ha venido persiguiendo, penosamente: Paz, justicia, hermandad y progreso. Y, mas recientemente el destino de globalización pacifica que nos permita hacer frente a los graves problemas que conciernen a toda la humanidad.

Leo a Harari que nos explica que la historia del ser humano, muy estable durante cientos de miles de años en su calidad tribal de cazador recolector, nómada por necesidad y quien sabe si por afición, se abre a una gran inestabilidad, precisamente, al abandonar esta fórmula y asentarse como agricultor y ganadero.

Es, a partir de ahí, cuando empezamos a tener noticias escritas de su turbulenta peripecia que parece discurrir entre dos coordenadas: La lucha por el poder que impulsa a algunos a dominar al resto de sus conciudadanos y la defensa y ampliación del propio territorio, la patria, a costa de los vecinos.

Y vemos como se nos ha relatado la peripecia de los seres humanos acaudillados por personajes que perseguían, siempre, estos dos fines, resaltando a aquellos que fueron mas hábiles en la consecución del poder o en la defensa o dilatación de los confines de “la patria”. Y en la historia de cada “patria”, se  rinde homenaje, como héroes, a estos destacados personajes aunque, a veces, su vida haya sido un cúmulo de canalladas. 

Pongamos dos ejemplos bien notorios:

Napoleón, un personaje con unas dotes máximas para lo militar. Ascendió, por ello, el escalafón completo. Llevado de su vocación y de una ambición infinita, soñó con dominar Europa entera, a la que agredió nación por nación sembrándola de muerte y horror hasta que detuvieron su locura. Ni siquiera fue ejecutado como castigo a su actividad genocida y hoy, como personaje histórico, mantiene su prestigio en tono positivo y se le admira y se le venera.

Carlos I de España y V de Alemania. Principe de formación europea que abandonó el gobierno de España (Castilla) en manos de su esposa y de su hijo adolescente y dedicó su vida a rivalizar con los otros príncipes europeos por el dominio de pedacitos de nación. Para ello levantó, continuamente, ejércitos cuyo coste esquilmó la hacienda de España y la endeudó, con sus banqueros alemanes, para varias generaciones, derrochó las remesas de oro y plata que venían de America y empobreció, hasta la miseria, al sufrido pueblo español. Hoy le vemos, junto a su hijo Felipe, en el top de nuestros personajes históricos.

Son dos figuras de una notoriedad máxima en la Historia Universal y venerados en nuestro santoral de personajes ilustres. 

Pero amigos, entre los infinitos horrores que la persecución de estos fines ha generado, se han ido abriendo paso ideas, proyectos, descubrimientos científicos y logros técnicos conseguidos por otro tipo de personajes, a veces ignorados, enmudecidos, perseguidos y hasta asesinados que van acercando al pobre ser humano a la consecución de los fines antes  enunciados sin que, al día de hoy, se les coloque, en la Historia, en el lugar que merecen.  

Pues bien, a mi me parece que hay que reescribir la historia y alterar el escalafón, dando la notoriedad que merecen a las figuras que nos acercan a esos principios.  

No puede tener el mismo valor el “al prójimo como a ti mismo” o el “epur si muove” que la conquista de territorios pasando por encima de los cadáveres de sus habitantes.

Jesús Carasa (24-6-20). Pintor.

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